Cuando el diablo no tiene nada que dacer: mata moscas con el rabo… es lo que me decía un profesor cuando me pillaba liando alguna en clase porque me aburría, como este par de “amigos” que deciden abandonar el aula e ir a distraerse de otra manera.

Llegan a casa y se ponen manos a la obra, para quitarse el sopor de encima después de unas horas atendiendo a clase pero con la cabeza en echar un polvo.












